Abstract
El texto ubica fenómenos como la exaltación, las adicciones, el culto a la rapidez y al rendimiento y el consumo como síntomas de la época. Presenta la dimensión ética del psicoanálisis como “el eso fracasa de una buena manera”.
En la vida contemporánea convivimos con un frenesí de objetos fabricados por la tecnología. Este movimiento va acompañado de una depreciación del estatuto de la palabra en el ser humano y de hacerse tiempo para dar lugar a sus deseos por el desenfreno que ofrece un bienestar con un crecimiento cada vez más acelerado, cuyo énfasis es la imposición de la productividad, el consumo y la satisfacción inmediata.

Jacques-Alain Miller formula que
“…ahora estamos en la época en la que el Otro ya no existe. En el ‘cenit social’ está el objeto a que lo ha reemplazado. La inserción se hace menos por identificación que por consumición. El sueño ya no es la liberación sino la satisfacción. Y la realidad social se revela dominada por la falta-en-el-gozar. De donde la moda de las adicciones: todo deviene adicción en el comportamiento social, todo adquiere un estilo adictivo. Hay que reconocer en las adicciones y también en el consumo frenético de los plus-de-goce que la tecnología multiplica y coloca en el mercado a un ritmo cada vez más rápido, un desesperado esfuerzo por suplir un defecto de satisfacción que es de estructura”1Miller, J.-A. “Hacia PIPOL IV”, Freudiana N° 52. Barcelona: Paidós, 2008..
Hay una presión constante para rendir más y obtener bienes nuevos, actuales que crean un caldo de cultivo propicio para que los seres humanos desarrollen estados de ánimo elevados y exaltados para ser esclavos de estas exigencias y se refuerza un culto al éxito. Es decir, es el hombre mismo una producción objetalizada para responder el mandato de consumir mientras es consumido. Este movimiento conduce a una desazón y quiebre en el lazo con el otro, pues el encierro en sí mismo y coagulado en este circuito hace imposible el enganche libidinal con el cuerpo del otro, su lazo es con el objeto en soledad: solo y cada vez con un nuevo y actual frenesí. Hay un estado del hombre que acompaña la exaltación objetal, el hombre mismo se asemeja a estas cosas arrojadas al mundo.
Esto evoca en mí un poema de Roberto Juarroz:
“Las cosas nos imitan.
Un papel arrastrado por el viento
reproduce los tropezones del hombre.
Los ruidos aprenden a hablar como nosotros.
La ropa adquiere nuestra forma.
Las cosas nos imitan.
Pero al final nosotros imitaremos a las cosas.”2Juarroz, R. “Poesía vertical Séptima Poesía Vertical N°18”, Poesía Vertical (Antología). Madrid: Visor,1991, p.158.
Es una respuesta acelerada y adaptativa cuya consecuencia es la exacerbación de síntomas y, eventualmente, un colapso si no se pudiera sostener este ritmo.
Hay una satisfacción en más que trae aparejado tensión y sufrimiento donde el ser humano está atrapado en la búsqueda incesante, inmediata, de satisfacción que nunca es alcanzada. Entonces, el psicoanálisis tiene la oportunidad de develar que hay un punto imposible de alcanzar.
Lacan, en su enseñanza, sugiere que el goce está intrínsecamente ligado a la estructura del sujeto y su relación con el Otro. La hipomanía intenta evitar el vacío a través de una búsqueda incesante de experiencias gratificantes. Este comportamiento es leído como defensa frente a la castración simbólica, es decir, la aceptación de ciertos límites, de un imposible por el empuje a la ilusión de una satisfacción total. Se manifiesta en una imagen de sí mismo inflada desde donde se ve verse a sí mismo.
Esta respuesta está destinada al fracaso, ya que el deseo del Otro es inalcanzable porque es un enigma. Por estructura hay una confrontación con lo imposible que puede llevar a episodios de descompensación y a una crisis por estar cada vez más alejado de su deseo y del lazo libidinal con los otros. Lo que no se incorpora a la simbolización se escapa, se resiste o se rechaza.
Alcanzar al sujeto
No he utilizado el término sujeto y en su reemplazo utilicé ser humano u hombre de forma genérica, porque hay una diferencia respecto de lo que en psicoanálisis llamamos sujeto, el cual se construye en la consulta psicoanalítica pues abre a su producción, la cual es la marca de una falla entre lo que se quiere decir y lo que se dice, entre el anhelo a hacer y lo que finalmente se hace.
Se aloja en la transferencia analítica y se interpreta el empuje sordo a lo pleno, lo lleno y la perpetua insatisfacción.
Anteriormente localicé que se trataba de una satisfacción plena, pero ella es un engaño porque como tal no existe, es solo para producir más y más objetos, bajo la sugestión de alcanzar una plenitud que fracasa, provoca hastío y desazón que ensombrece la vida.
En este empuje incesante hay una ceguera por experimentar, digno de un sujeto que vitaliza el enigma por su deseo particular y por separarse de la generalización que mide a todos por igual.
De la práctica y experiencia analítica
Nuestra tarea en la práctica es localizar, responsabilizar a un sujeto en su particularidad con sus marcas traumáticas que han justificado su existencia.
El psicoanálisis aloja esos restos, las sorpresas, lo imprevisible, lo que escapa en los escritos de los manuales teóricos y diagnósticos que solo sirven para etiquetarlo. Es un círculo vicioso, más producción y más consumo. La exaltación finalmente provoca un cuerpo que huye de su verdad.
Desde esta perspectiva, lo indigno es la detención de la pregunta por la causa.
Jacques-Alain Miller advierte que Lacan adelantó en su enseñanza la pragmática del momento contemporáneo y afirma que si bien somos pragmáticos como la época actual, lo somos de manera paradojal porque no está el culto del eso marcha, “nuestro buen humor viene sin duda de que nosotros sabemos que eso fracasa y de que creemos fracasar de la buena manera.”3Miller, J.-A. “Hacia PIPOL IV”, op. cit.
El discurso analítico es aquel cuya acción es operar como el agente de la causa del deseo para atraer un decir en que el afecto toque al cuerpo por medio de las marcas de las palabras que impactaron en él y se abra la posibilidad de un deseo inédito.
La dimensión ética del psicoanálisis dignifica lo que queda de esas marcas singulares con su modalidad de satisfacción pulsional, en la que el sujeto encarne allí con su propia invención vivificante.
- 1Miller, J.-A. “Hacia PIPOL IV”, Freudiana N° 52. Barcelona: Paidós, 2008.
- 2Juarroz, R. “Poesía vertical Séptima Poesía Vertical N°18”, Poesía Vertical (Antología). Madrid: Visor,1991, p.158.
- 3Miller, J.-A. “Hacia PIPOL IV”, op. cit.
