Abstract
Este texto de Analía Vidal propone a la familia como un modo de tratamiento del lazo social para abordar lo que varía y lo que no varía a lo largo de las diversas épocas.
Trabajar el tema de la clínica del lazo social y la familia me llevó a encontrarme con una serie de interrogantes que abordaré como una invitación a continuar pensando: ¿es la familia un tratamiento del lazo social?, ¿es necesario hacer familia?, ¿con qué hace familia un sujeto?, ¿qué hace familia para cada sujeto?, e incluso, ¿qué varía en lo invariable de la familia?
Tanto Freud como Lacan se ocuparon de quitar a la familia lo natural del determinismo biológico y del sentido común del ideal imaginario. La filiación y el parentesco, a través de ellos, comienzan a leerse desde el Edipo, siendo ésta la ficción por excelencia que un sujeto hace de los lazos como hijo, como hermano e inaugura las funciones-ficciones de madre y padre.
Lacan introduce otra cuestión más a esta ficción del deseo: el objeto de goce. Entonces, lo que llamamos familia se compone por seres hablantes que alojan a un sujeto en su deseo y deciden hacerse responsables del mismo, pero siempre hay algo inasible y contingente en esta composición de deseos y goces.
“Entonces pongamos en uno de los círculos «dos hablantes», dejemos «niño» en el otro, e inscribamos en la intersección el goce rodeado de su malentendido y del balbuceo. Lo real del goce viene así a «imprimirse» por debajo de la trama del discurso y a dar una nueva perspectiva para el síntoma, la de un real irreductible entre padres y niños que los une y los separa, “un punto de eso no se habla” presente en cada familia”1Roy, D. “Padres exasperados-niños terribles”. Notas de niños, revista de psicoanálisis. Familias. Año VI – N°6. Departamento de investigación de Psicoanálisis con niños. Córdoba: CIEC, 2023, p. 14-15..
Llegamos así a dos interrogantes que tienen un gran valor clínico: ¿con qué hace familia un sujeto? y ¿qué hace familia para cada sujeto? Éstos orientan la dirección de la cura en cuanto al lugar del sujeto como respuesta a la pareja parental cuando la hay, pero también cuando no la hay, como Lacan plantea en Nota sobre el niño 2Lacan, J. “Nota sobre el niño”. Otros escritos. Buenos Aires: Paidós, 2016, p. 393-394.; se trata de funciones, ficciones, goces y la propia respuesta del sujeto.
Freud trabaja “lo familiar” Heimlich y “lo ominoso” Unheimlich, lo curioso de esto es que capta que lo relevante no está en Unheimlich, sino en Heimlich, lo familiar. Esta palabra no es unívoca y muestra en la variedad de sus significados uno que coincide con su opuesto, entonces Heimlich:
“… pertenece a dos tipos de representaciones que, sin ser opuestos, son ajenos entre sí: el de lo familiar y agradable, y el de lo clandestino, lo que se mantiene oculto”3Freud, S. “Lo ominoso”. Obras completas, Vol. XVII. Buenos Aires: Amorrortu, 1979, p. 706..
Con este hallazgo, lo ominoso ya no pertenece a la dimensión de lo opuesto a lo familiar y viceversa, sino que se define como una continuidad interior-exterior, ese vaivén entre lo más íntimo y a su vez extranjero de un sujeto, difícil de precisar, pero que cuando “eso” aparece puede dar cuenta de que “eso” de algún modo le concierne.
Lacan señala “No en vano Freud insiste en la dimensión esencial que da el campo de la ficción a nuestra experiencia de lo unheimlich. En la realidad, ésta es demasiado fugitiva. La ficción la demuestra mucho mejor, la produce incluso como efecto de una forma más estable porque está mejor articulada. Es una especie de punto ideal, pero cuán precioso para nosotros, ya que nos permite ver la función del fantasma”4Lacan, J. El Seminario, Libro X, La angustia. Buenos Aires: Paidós, 2006, p. 59..
Esto sirve para pensar: ¿es necesario hacer familia? Lo necesario es poder hacer ficción y eso es lo que hacer familia habilita.
Cuando algo de la ficción se toca, cuando algo del velo se corre y se produce un encuentro inesperado, eso lleva a la consulta con un analista, como cuando unos padres consultan preocupados porque ya no reconocen a su hija púber, haciendo alusión a que ya no es la niña dócil y charlatana, no les habla. El encuentro con la pubertad descoloca y genera extrañeza en ella y en su familia.
O cuando una mujer que ha decidido ser madre sola a través de la reproducción asistida, se pregunta cómo hacer efectiva la función paterna en su hijo de 4 años que comenzó a tener algunas dificultades para separarse de ella.
Como practicantes del psicoanálisis lo hacemos como agentes de lo imposible, de lo que no encastra. Roy5Roy, D. “Padres exasperados-niños terribles”, op. cit., p. 16. señala que cada familia ya es un modo de tratamiento de los cuerpos hablantes y este tratamiento no responde al ideal, sino más bien, es del orden de una “religión privada”; cada familia habla su propia lengua, tiene su vocabulario, su gramática.
Entonces, orientados por el psicoanálisis, somos quienes tenemos que aprender a leerlas teniendo en cuenta que hay tantas familias como sujetos en el mundo.
Por último y teniendo en cuenta lo anteriormente abordado, me gusta pensar a la familia como un modo de tratamiento del lazo social y ensayar una respuesta al interrogante que titula el texto, señalando también que podríamos pensar que lo que varía de la familia a través de las épocas es el modo de leerlas. Esto último es lo que Freud y Lacan nos enseñan.

- 1Roy, D. “Padres exasperados-niños terribles”. Notas de niños, revista de psicoanálisis. Familias. Año VI – N°6. Departamento de investigación de Psicoanálisis con niños. Córdoba: CIEC, 2023, p. 14-15.
- 2Lacan, J. “Nota sobre el niño”. Otros escritos. Buenos Aires: Paidós, 2016, p. 393-394.
- 3Freud, S. “Lo ominoso”. Obras completas, Vol. XVII. Buenos Aires: Amorrortu, 1979, p. 706.
- 4Lacan, J. El Seminario, Libro X, La angustia. Buenos Aires: Paidós, 2006, p. 59.
- 5Roy, D. “Padres exasperados-niños terribles”, op. cit., p. 16.
