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Lo que bulleNúmero 6

Hacia una “fraternidad discreta”

Por 14/03/2026 marzo 29th, 2026 No Comments

Abstract

El texto revisita el concepto de agresividad en la obra de Lacan, específicamente en su texto de 1948 y ubica en la fraternidad discreta un nuevo modo de lazo social que no pasa por la identificación al grupo.

Es a esta víctima conmovedora […] a la que recogemos cuando viene a nosotros, es a ese ser de no-nada a quien nuestra tarea cotidiana consiste en abrir de nuevo la vía de su sentido en una fraternidad discreta por cuyo rasero somos siempre demasiado desiguales“.
Jacques Lacan
Sobre la agresividad en psicoanálisis, 1948, pp 125-127.

La invitación de la revista para escribir sobre las turbulencias del lazo, me llevó directamente al escrito lacaniano de 1948 “La agresividad en psicoanálisis”1Lacan, J. “La agresividad en psicoanálisis”. Escritos 1. Buenos Aires: Siglo veintiuno, 2002.. Y la pregunta que inmediatamente me hice fue ¿qué actualidad tienen las tesis que Lacan despliega allí, para pensar lo que sucede hoy con los lazos?

En este escrito, Lacan no posee aún una teoría del sujeto concebido como efecto del significante, ni tampoco una lectura de la incidencia de lo real de la pulsión sobre el cuerpo. Por tanto, la actualización que debemos plantearnos incluye no solo la definición del inconsciente estructurado como un lenguaje, sino sobre todo, la inclusión del carácter primario del goce2Santiago, J. “La agresividad y la paranoia nativa del yo”. Revista Virtualia n° 43, Buenos Aires: EOL, 2023..

Lacan había viajado a Londres en 1945 y había quedado impactado por esa ciudad devastada por la guerra. Retomando en este texto, el camino que abrió Freud en “El malestar en la cultura”, al preguntarse si el desarrollo cultural lograría dominar la perturbación de la convivencia, que proviene de la pulsión de agresión y aniquilamiento3Freud, S. “El malestar en la cultura”, Obras completas, Tomo XXI, Buenos Aires: Amorrortu, 1988, p. 140., Lacan sitúa a la agresividad como una manifestación clínica de la pulsión de muerte.

Lo central de su tesis se despliega en las coordenadas conceptuales del funcionamiento del registro imaginario propio del estadio del espejo. Concibe a la agresividad como correlativa de un modo de identificación que llamamos narcisista y que determina la estructura formal del yo del hombre4Ibid., p. 114.. La intención agresiva anima la modalidad de la instancia del yo en cualquier diálogo. Mientras que la tensión agresiva (agresividad) se sostiene entre el yo y el otro ubicados en el eje de la rivalidad imaginaria, en la reacción agresiva (agresión) se trata del pasaje al acto agresivo, donde está en juego el exterminio del semejante. Lacan va a situar, en este momento, que la posibilidad de trascender la agresividad constitutiva de la primera individuación subjetiva depende de la identificación edípica, es decir, de la identificación primordial al padre5Ibid., p. 121..

Sabemos que la violencia ha existido siempre y que desde muy temprano ocupó las reflexiones de Freud, para quien, “la inclinación agresiva es una disposición pulsional autónoma, originaria, del ser humano”6Freud, S. “El malestar en la cultura”. Op. cit., p. 117.. Los modos de hacer con esa pulsión de destrucción estaban, para Freud, enmarcados en la lógica de la intervención paterna y regulados por el superyó. Lacan parte de allí, pero avanza un poco más, al constatar que el goce, que en este escrito se perfila bajo la figura del kakón, no puede ser negativizado completamente por la operación de la metáfora paterna. Y que el superyó, más que regular la pulsión de muerte, es un empuje a gozar. Este fracaso del padre, que se presenta en la clínica a través de nuevas formas de la subjetividad, lo llevará a introducir otros modos del límite, que no tienen que ver con el semblante paterno.

Como afirma Silvia Ons:

“(Hoy) respiramos un aire violento, la violencia callejera, la doméstica, la de las noticias que transmiten los medios, la política con su gusto por confrontar, la social, la escolar, la juvenil, la criminal, la de las guerras, la terrorista…”7Ons, S. Violencia/s. Buenos Aires: Paidós, 2009, p. 19..

La autora señala que esta violencia, que llama “posmoderna”, se infiltra de modo ubicuo, es decir, está en todas partes, sin localización clara, “desmadrada de fines, su irrupción intempestiva no tiene cauce.”8Ibid., p. 21.

La pregunta que se impone es ¿cómo nos las arreglamos hoy con la agresividad? O para llevar el planteo al malestar actual, ¿qué plantea el psicoanálisis como modo de tratar la violencia engendrada por esa constante tensión creciente y cada vez más deslocalizada, que habita los lazos humanos?

Propongo servirnos de un señalamiento de Lacan en el escrito de 1948, que no desarrolla, pero que nos plantea una alternativa interesante frente a la forma que toma el malestar en la civilización actual. En oposición a “la miseria psicológica de la masa”9Freud, S. Op. cit., p. 112. a la que alude Freud, como un peligro que amenaza allí donde la identificación social se establece por identificación recíproca entre los participantes, en el último renglón del texto, Lacan introduce la idea de una “fraternidad discreta” como salida posible a la agresividad que se despliega en lo social.

¿De qué está hecha esta “fraternidad discreta”?

Me interesa destacar el calificativo de “discreta”, que parece apuntar a establecer una diferencia con el lazo social producido a partir de la identificación que Freud trabajó en “Psicología de las masas”, como identificación al grupo. Dicha identificación, que refuerza una fraternidad continua con el líder ubicado en el lugar del ideal del yo, produce, en su reverso, segregación. Lo “discreto” alude, a mi entender, a la presencia operatoria de un no-todo en el lazo identificatorio, capaz de producir un apaciguamiento tanto de los efectos de amor como de los de odio. ¿Y dónde podríamos situar ese no-todo sino en el síntoma? Lacan propone, en su última enseñanza, la identificación al síntoma como salida del análisis y como instrumento para establecer un lazo social que incluya un real singular. No hay más antídoto a la sugestión que lo inimitable de cada uno, lo cual supone un modo diferente de armar lo colectivo.

¿Podrá esta “fraternidad discreta” ser un nombre posible para este nuevo lazo, que nos permita vivir juntos? Habrá que apostar a la vía del síntoma, tal como Lacan lo define en “La tercera”, como lo que introduce un goce Otro, que “sólo podría existir por la mediación de la palabra, en especial, la palabra de amor”10 Lacan, J. “La tercera”. Revista Lacaniana de Psicoanálisis n° 18. Buenos Aires: EOL, 2015, p. 30. y funcionar como punto de detención de la “tendencia agresiva” que conduce al pasaje al acto.

  • 1
    Lacan, J. “La agresividad en psicoanálisis”. Escritos 1. Buenos Aires: Siglo veintiuno, 2002.
  • 2
    Santiago, J. “La agresividad y la paranoia nativa del yo”. Revista Virtualia n° 43, Buenos Aires: EOL, 2023.
  • 3
    Freud, S. “El malestar en la cultura”, Obras completas, Tomo XXI, Buenos Aires: Amorrortu, 1988, p. 140.
  • 4
    Ibid., p. 114.
  • 5
    Ibid., p. 121.
  • 6
    Freud, S. “El malestar en la cultura”. Op. cit., p. 117.
  • 7
    Ons, S. Violencia/s. Buenos Aires: Paidós, 2009, p. 19.
  • 8
    Ibid., p. 21.
  • 9
    Freud, S. Op. cit., p. 112.
  • 10
    Lacan, J. “La tercera”. Revista Lacaniana de Psicoanálisis n° 18. Buenos Aires: EOL, 2015, p. 30.