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No hay clínica sin lazo socialNúmero 6

A fin de cuentas no hay más que eso, el lazo social

Por 14/03/2026 marzo 29th, 2026 No Comments

Abstract

El texto aborda las transformaciones actuales del lazo social marcado por el desarraigo, la cuantificación y la estadística en la configuración de la experiencia individual, así como por el control social inherente a la era de la información. Aporta una lectura novedosa del planteo de Lacan respecto al lazo social.

Estamos invitados a leer la magnitud de los cambios profundos y actuales del lazo social. Hasta no hace mucho tiempo, el ideal era el cimiento de las comunidades. Hoy, las identificaciones tradicionales –aquellas que estaban sujetas a la nacionalidad, la clase social, la profesión y la familia– no se sostienen más de allí, lo que produce un desarraigo. Cada sujeto queda reducido a su pequeño goce, adicción o consumo, mientras se le ofrecen falsos plus-de-goce que perturban las solidaridades.

Nuestra época asiste al cuestionamiento de los fundamentos del lazo social. Las estructuras sociales y las instituciones se ven socavadas en su base. Los discursos que nos dominan no hacen lazo social, al contrario, testimonian de un desmoronamiento del vivir juntos. Este argumento es esencial en términos de lo que podemos llamar políticas públicas, particularmente en las instituciones, establecimientos, servicios, dispositivos, redes: ¿hacen lazo social? El declive de lo común se acompaña de un empuje al “nosotros” de las masas, de una creciente influencia del número.

Sociedades de masa

Sociedad de masasLa modernidad supone la multitud, las ciudades populosas y desbordadas. Es un asunto de números. El efecto del número es una cuestión discutida en la modernidad política: “¿la emergencia de la multitud vuelve al sujeto más activo o más pasivo?”1Milner, J. C. La arrogancia del presente. Buenos Aires: Manantial, 2010. La teoría de las multitudes es una teoría de la pasividad. ¿Masas activas o multitudes pasivas? Ese debate atormenta la modernidad política. Las masas “actor de la historia”, de las que hablan Mao o Marx, lo ilustran. Pero sobre todo, la masa traduce la entrada de la persona en la cuantificación y el desencanto que la acompaña. Charles Taylor, “héroe” de Musil y elegido por los pensadores de la postmodernidad, describe maravillosamente el desencanto que la estadística impone a la persona. “El operador disecciona a su persona en elementos insignificantes”2Musil, R. El hombre sin atributos, 2004.. Pero esta descomposición elemental, cuando se realiza sobre grandes números, tiene un efecto sobre la libertad: “Cuanto mayor es el número de individuos, dice Quetelet, más se borra la voluntad individual y deja predominar la serie de hechos generales”3Quetelet, A. Investigación sobre la tendencia a delinquir en diferentes edades. Bruselas: Hayez, 1833, p. 80..

El destino estadístico tiene por efecto sustituir lo único por lo típico4Miller, J.-A. “La era del hombre sin atributos”. Revista Virtualia N°15, Agosto 2006.. El impacto de un gobierno por los números se ilustra del siguiente modo: sujetos reducidos a datos numéricos y escritos, gestión que se hace sin palabras, sin margen de interpretación. El modo de gestión de masas humanas, sumado a la aparición del sistema de información numérica, brinda la oportunidad de un control social que ni Orwell había osado imaginar: no hay compra que no esté identificada, por ejemplo. Es un nuevo anudamiento entre lo privado y lo público. Hay un real de las masas que impregna la subjetividad contemporánea; Musil escribe que la creciente influencia de las masas y del gran número, hace que la humanidad sea cada vez más “promedio”. Las identificaciones se toman en masa, en detrimento de lo singular.

Es en este contexto que los sujetos demandan hoy hacer un psicoanálisis. No es que las identificaciones no funcionen, sino que son tomadas en masa y sin referencia a la transmisión. En este escenario, la experiencia de un análisis ofrece una posible salida: extraerse de la masa para situarse en relación a un saber, un saber sobre su propia existencia. Sobre lo que nos diferencia de los demás, “nuestros secretitos”5Lacan, J. El Seminario, Libro XIX …o peor. Buenos Aires: Paidós, 2012, p.119., como dice Lacan. Esto indica la característica de una época en la que el hacer y el tener han prevalecido sobre el ser, donde el sujeto está volcado, sin cesar, hacia el objeto que podría adquirir, según el modelo del mercado tal como se le propone. Con ello, se distancia la función misma de los síntomas que, hasta entonces, habían podido dirigirse al otro a través del malestar y la inadecuación.

¿Cómo escuchar “no hay más que eso, el lazo social”?

Elegí como título esta cita de Lacan porque, al escucharla, siempre sorprende y confronta un prejuicio tenaz: el de pensar que, en una división de territorios, el psicoanálisis se ocupa de cuestiones privadas y que sería tanto más puro si fuera independiente de lo social, como si un sufrimiento privado no tuviera relación con las condiciones sociales. Quisiera entonces considerar esta cita para darle una lectura, una interpretación posible en la actualidad. Lacan continuamente considera el estado del lazo social en un momento dado, al punto de inscribirlo en su teoría como un real que hay que tener en cuenta. ¿Y cuál es el hecho histórico que Lacan toma para integrar ese real a su teoría? La experiencia de los campos de concentración y de los testimonios de aquellos que habían vuelto. Esa experiencia modificó su teoría y la práctica del psicoanálisis.

Partamos de ese real: no se vive jamás solo, incluso en Marte, si creemos en la película de Ridley Scott Solo en Marte, donde se ve al héroe a doscientos veinticinco millones de kilómetros de la Tierra intentando encontrar un medio para contactarse. No podemos vivir sin los otros. El ser hablante es, para hablar como Aristóteles, un animal político o social. Es una cuestión vital. Toda la experiencia humana lo demuestra de principio a fin. Cada uno lleva la marca indeleble de la primera experiencia de la relación con el Otro, y por eso, tal vez, la forma de la pareja –el sujeto y su otro– es subjetivamente esencial, como señala Jacques-Alain Miller. Es una comunidad irreductible, una que puede ser suficiente para socializar. “En esta recomposición comunitaria, exigida por el desarraigo que está ganando, sin duda la pareja es la comunidad fundamental. Al menos, la forma de la pareja es subjetivamente esencial”6Miller, J.-A. “Teoría del partenaire”. Lacaniana n° 19. Buenos Aires: Grama Ediciones, Octubre 2015, p. 74.. ¿En qué sentido Lacan renueva la pregunta del vivir juntos? La respuesta es clara: por su categoría inédita de lazo social. Esta invención es congruente con el diagnóstico que da, a partir de los años setenta, sobre el malestar contemporáneo, diagnóstico que prolonga y renueva el famoso Malestar en la cultura7Freud, S. “El malestar en la cultura”. Obras completas. Vol. XXI. Buenos Aires: Amorrortu, 1975. de Freud.

Conocemos el diagnóstico freudiano del malestar del hombre en la civilización. Dentro de lo que Freud diagnostica como “malestar” hay varios registros a distinguir, pero retengamos lo siguiente: a propósito de nuestra tendencia a la agresión indestructible, que constituye según él el factor principal de perturbación en nuestras relaciones con el prójimo. Freud indica: “Siempre es posible ligar en el amor a una multitud mayor de seres humanos, con tal que otros queden fuera para manifestarles la agresión”8Ibid., p. 111..

Hay entonces una tendencia a la confrontación, un nosotros contra ellos. Dicho de otra manera, este impasse de la civilización se debe al hecho de que no hay fraternidad sin segregación. La actualidad más reciente ha mostrado que algunos programas políticos exacerban las tendencias que conducen a este enfrentamiento, diseñados para inflamar el odio y, en última instancia, promover algún día la práctica de la limpieza étnica, conocida como la única manera de restablecer la identidad del nosotros. De tal modo que la forma social más dañina de la pulsión de muerte podría llamarse “pulsión segregativa”9Alberti, C. “El psicoanálisis, el exacto reverso del discurso del Frente Nacional”, Le Monde, 19 de marzo de 2017.. Pero incluso si para Freud es el ideal común –la ley del padre que pacífica– lo que cimenta el lazo social, reducir la civilización a la ley y a las normas es una ilusión, porque lo ilimitado de la exigencia pulsional no permite de ninguna manera considerar un lazo social con resultados estables. ¿Qué extensión da Lacan al diagnóstico freudiano?

Con una teoría elegante e inédita del lazo social, Lacan formaliza las relaciones fundamentales que el lenguaje instaura entre los parlêtres: gobernar, educar, curar y analizar. Lo llama discurso, para designar el lazo social en tanto sólo puede estar fundado en el lenguaje; subvierte o sublima los lazos naturales: procreación (maternidad y paternidad) y crea otros ex nihilo. Ciertamente es una categoría que toma prestada de los sociólogos, y en particular de Durkheim, para responder a la cuestión ética de cómo vivir con los otros. Y también para indicar que el lazo social solo puede atenerse a las condiciones del lenguaje: ni lazo natural ni lazo gregario, sino social. Lacan lo define como un lazo que asegura la coexistencia sincrónica de dos o más términos, y no como una relación.

Los lazos sociales son modos de organización del vínculo entre los sujetos y una forma de vida específica: un principio de autoridad que regula el goce y la sexualidad. ¿Por qué Lacan dice lazo social? Esta expresión parece pleonástica. Si lo llama lazo social –y no simplemente lazo de lenguaje– es porque son cuerpos hablantes los que están concernidos y no simples significantes. “A fin de cuentas no hay más que eso, el lazo social. Yo lo designo con el nombre de discurso, porque no hay otra manera de designarlo desde el momento en que uno se percata de que el lazo social no se instaura sino anclándose en la forma como el lenguaje se sitúa y se imprime, se sitúa en lo que bulle, a saber, el ser hablante”10Lacan, J. El Seminario, Libro XX, Aun. Buenos Aires: Paidós, 2016, p.68..

El discurso es el lazo entre los que hablan, el lazo que mantiene los cuerpos juntos11N de T: ensamble designa en francés tanto “juntos” como “ensamblados”, “pegados”, “unidos”, “totalidad”, “conjunto”.. ¿Cómo se instaura el lazo social? Está ligado a la producción de palabras. Está hecho de restos arqueológicos, sobre la base de una acumulación de materiales lenguajeros, fragmentos de discurso, sustratos, detritos, residuos que constituyen el humus humano. Eso indica que el discurso en su estratificación está fundado sobre la mortificación de las palabras. Es lo que se soporta del lazo social. Es un discurso que nos sostiene más de lo que lo sostenemos. El discurso, es lo que nos sostiene, en el sentido de que nos hace tener un cuerpo, nos hace tener el cuerpo junto y estar juntos.

Entonces, si Lacan agrega social a lazo para definir el lazo social como “el lazo entre los que hablan”, es que lo social designa al lenguaje, no los lenguajes: es el lenguaje como estructura, como combinatoria de significantes, que desnaturaliza todo el orden natural. El lazo es la palabra, son las palabras producidas en su contingencia y en una temporalidad, se necesitan bocas para hablar. El lazo, es el encuentro de palabras. El discurso define los lugares, los nombra, produce una identificación y prescribe también una manera de vivir, una manera de satisfacerse en la existencia, un modo de goce. El lazo social en Lacan no remite a una ley ni a una norma, sino a un uso válido en una época y en una sociedad determinada. No hay un instructivo fuera del discurso. Por lo tanto, los discursos prescriben los lugares, los roles y los modos de satisfacción. No hay identidad por fuera del lenguaje ni instructivos por fuera del discurso, discurso en el que nos sumergimos, nos hundimos, del cual somos el efecto.

¿Cómo entramos en el lazo social?

No entramos directamente en el lazo social, hace falta una mediación: hace falta una palabra, una palabra prometedora. Solo la familia puede permitir esa mediación. Es ella la que introduce el sujeto a lo simbólico. Los padres son los que transmiten el mundo al niño. A través de ellos, el mundo se hace encantador, se colorea, se vuelve atractivo. La familia sigue siendo el lugar de emergencia de un sujeto, todos los intentos de sustitución están condenados al fracaso.

El psicoanálisis fue inventado por un solitario; Lacan califica, en efecto, la operación freudiana como solitaria: nos olvidamos de eso, porque es manipulada, discutida por toda una comunidad. En un momento histórico muy particular, Freud inventó el psicoanálisis absolutamente solo. Fue y sigue siendo un verdadero traumatismo que opera un corte en la concepción de lo humano. Lo que constituye la fuente de todos sus males, es que vive en la ignorancia de lo que le empuja a actuar, a amar de tal o cual manera: el hombre no es más amo de sí mismo. El análisis permite al hombre encontrar su verdad oculta. Y, en ese momento, está absolutamente solo, solitario en su relación al inconsciente: está solo para hacer esta experiencia sobre sí mismo, pone al trabajo su propia existencia para interrogarla y extraer un saber.

Freud es un adelantado en el siglo a partir de puntas de alfileres, de cosas ínfimas, de cosas de finura que desmienten lo que se propone abiertamente: olvidos, sueños, actos fallidos. Y como dice Lacan, este psicoanálisis inventado por un solitario, se practica en pareja. Trabajamos de a dos para operar: el solitario ha dado el ejemplo de ello. Ha inventado un lazo social inédito: analista y analizante hablan juntos, sin juzgar. Es una conversación de un género especial, con el fin de saber. Freud inventa un modo de lazo social particular en el que el principio es el de la asociación libre. Sostiene la idea de que sus lecturas, durante su adolescencia, fueron esenciales para introducir la idea de la asociación libre. Subraya de manera bastante interesante que a la edad de catorce años, recibió de regalo las obras de Ludwig Börne, primer autor que leyó. De su ensayo titulado El arte de devenir un escritor original en tres días12Börne, L.” El arte de devenir un escritor original en tres días”. Clásicos del periodismo alemán (1823-1934). Barcelona: El Acantilado, 2016., Freud retoma las últimas frases: “Y aquí está ahora la práctica prometida. Tome algunas hojas de papel y transcriba, durante tres días, sin trampa ni hipocresía, todo lo que se le pase por la cabeza. Escriba lo que usted piense de usted mismo, de sus mujeres, de la guerra contra los turcos, de Goethe, del proceso criminal de Fonk, del juicio final, de sus superiores- y al término de esos tres días usted no creerá haber tenido tantas ideas nuevas e inauditas. ¡Tal es el arte de volverse en tres días un escritor original!”13 Ibid. ¿Y qué descubre de esta forma? Freud sitúa desde un comienzo, el malestar privado enlazado a la civilización de su tiempo.

Desde el principio se trató de liberar al sujeto de los efectos nocivos que producía la sociedad industrial, entonces en pleno desarrollo, confrontado a imperativos de orden moral. Dentro del contexto histórico político de la era victoriana prevalecía, en materia de ley inconsciente, la prohibición y lo que viene con ella: la censura y la represión.

El inconsciente del neurótico es la consecuencia del proceso de represión de la satisfacción prohibida. Aunque Freud se presenta como un burgués preocupado por preservar los principios fundamentales que sustentan a la sociedad –la ley edípica– su deseo se sitúa a contracorriente de los efectos del discurso dominante de su época. No apunta directamente a derribar el orden establecido, pero lo subvierte, lo utiliza para desviarlo de su uso común.

El descubrimiento de Freud ha sido un verdadero traumatismo en el discurso universal. No consigue alojarse en ningún otro discurso precedente, al punto que Lacan lo ha nombrado “acontecimiento”, “el acontecimiento Freud”14Lacan, J. El Seminario, Libro XVI, De un Otro al otro. Buenos Aires: Paidós, 2016, p. 173-186.. En esta teoría el punto esencial que Freud aísla concierne al funcionamiento del cuerpo que, en sí mismo, no hace lazo. Se trata de una soledad absoluta, una erótica, un aparato del deseo singular para cada uno. El goce sexual, una diferencia absoluta. Hay, en cada sujeto, una falla esencial, no está en adecuación con sí mismo, por el hecho del funcionamiento del cuerpo: plus de gozar, goce. Este goce está en nosotros, más que nosotros mismos. Lacan consideraba la experiencia analítica como la aproximación a este goce que nos aísla fundamentalmente. La causa del deseo para un sujeto –si el psicoanálisis es la experiencia que permite al sujeto explicitar su deseo en su singularidad– no puede desarrollarse sino rechazando toda tentativa, fundamentalmente vana, de estandarizar el deseo para ingresar al sujeto en las filas de los ideales comunes, de un “como todo el mundo”. Además, el deseo comporta esencialmente, en el sujeto que habla y es hablado –el parlêtre– un “no como todo el mundo”, un “aparte“, una desviación fundamental.

Si el psicoanalista representa alguna cosa, es el derecho, la reivindicación, la rebelión, del “no como todo el mundo”. La causa del deseo como propiedad fundamental del parlêtre es siempre contingente, nunca normalizada. Requiere siempre un encuentro. Es una experiencia vivida que le da a cada uno una figura singular al goce.

Así, definir al lazo social como “el lazo entre los que hablan”, es indicar un dispositivo que hace lazo sobre la base de esa falla fundamental. No hay fraternidad entre los que hablan más que sobre la base de un malentendido. ¿Por qué? Porque el goce –la exigencia pulsional– no se comparte, no hay goce comunitario. En efecto, el goce de cada uno no es complementario al de nadie, se repite indefinidamente desde que lo hemos encontrado una primera vez, de una manera más o menos traumática. Solo hay goce de un solo cuerpo. En tanto tal, nos aísla. En este sentido, los discursos escriben cómo cada sujeto, tomado aisladamente, se inscribe en un lazo social (educación, política, etc.). En efecto, el discurso hace que los cuerpos se mantengan unidos, mientras que su goce genera segregación. Estamos aislados, juntos. Es desde la experiencia del análisis que podemos contar con los recursos del discurso, nuestra arma frente a la pulsión de muerte: “En definitiva no hay más que eso, el lazo social”, nos dice Lacan. Esta consideración del lazo social se hace desde el discurso analítico, el reverso del político, el reverso de un ejercicio de dominación de los cuerpos.

La experiencia de un análisis conduce a distanciarse de las identificaciones de masa siempre segregativas (no hay un “nosotros”, no hay un “ellos”, ya que es una frontera que se mueve todo el tiempo) para considerar, en cambio, lo múltiple de las elecciones del deseo o del goce. La respuesta del psicoanálisis es, sobre todo y siempre, anti-segregativa. Ella conduce a apostar por un colectivo que haga un lugar a esta pluralidad: el Uno de la inclusión de lo múltiple y no el Uno de la exclusión de lo múltiple. Esto es porque, en la cura, encontramos el punto donde el Otro no existe, el punto en el que nos desocializamos, en el que descubrimos que “hombre”, “mujer”, son palabras que han efectuado una marca en el sujeto y su cuerpo: ellas son aisladas, extraídas. Vemos lo que nos hace únicos, el deseo que nos causa, no sin la lengua y las cicatrices. Una vez alcanzado ese punto, es un retorno al lazo social, en la relación al Otro que se efectúa, en el sentido en que es responsable del Otro que se inventa, salvo que recurramos al cinismo más estéril. Esto le da a los psicoanalistas una responsabilidad nueva en un contexto de disolución del lazo social, de todas las bases fundantes de lo colectivo. No es un punto de vista comunitarista, sino un colectivo fundado en la soledad de cada uno.

Para concluir, una cita de Paul Valery:

“Una sociedad se eleva de la brutalidad al orden. Como la barbarie es la era del hacer, es entonces necesario que la era del orden sea el imperio de las ficciones –ya que no hay poder capaz de fundar el orden sobre la sola restricción de los cuerpos por los cuerpos. Hacen falta fuerzas ficticias (…) Algunas encuentran hoy que la conquista de las cosas por la ciencia positiva nos va conducir o reconducir a una barbarie, aunque de forma laboriosa y rigurosa; pero que no es más formidable que las barbaries antiguas, para ser más exacta, más uniforme e infinitamente más poderosa. Volveremos a la era del hacer, pero del hacer científico.

O bien, las sociedades descansan, al contrario, sobre las Cosas Vagas: al menos hasta ahora, se han basado en nociones y entidades bastante misteriosas para que el alma rebelde nunca esté asegurada de la derrota y dude de temer solo a lo que ve. Un tirano de Atenas, que fue un hombre profundo, decía que los dioses habían sido inventados para castigar los crímenes secretos. Una sociedad que hubiera eliminado todo lo que es vago o irracional para entregarse a lo medible y lo verificable, ¿podría subsistir? El problema existe y nos presiona. Toda la era moderna muestra un crecimiento continuo de la precisión. Cualquier cosa que no sea sensible no puede volverse preciso y retrasa cualquier salida para el resto. Se lo considerará necesariamente, cada vez más, como vano e insignificante por contraste”15Valéry, P. “Prefacio a las cartas persas”. Estudios literarios. Madrid: Visor, 1995..

Traducción Paula Guzmán
Texto publicado con autorización de la autora

Texto publicado en Lire Lacan au XXIe siècle (2019) «En fin de compte, il n’y a que ça, le lien social»

  • 1
    Milner, J. C. La arrogancia del presente. Buenos Aires: Manantial, 2010.
  • 2
    Musil, R. El hombre sin atributos, 2004.
  • 3
    Quetelet, A. Investigación sobre la tendencia a delinquir en diferentes edades. Bruselas: Hayez, 1833, p. 80.
  • 4
    Miller, J.-A. “La era del hombre sin atributos”. Revista Virtualia N°15, Agosto 2006.
  • 5
    Lacan, J. El Seminario, Libro XIX …o peor. Buenos Aires: Paidós, 2012, p.119.
  • 6
    Miller, J.-A. “Teoría del partenaire”. Lacaniana n° 19. Buenos Aires: Grama Ediciones, Octubre 2015, p. 74.
  • 7
    Freud, S. “El malestar en la cultura”. Obras completas. Vol. XXI. Buenos Aires: Amorrortu, 1975.
  • 8
    Ibid., p. 111.
  • 9
    Alberti, C. “El psicoanálisis, el exacto reverso del discurso del Frente Nacional”, Le Monde, 19 de marzo de 2017.
  • 10
    Lacan, J. El Seminario, Libro XX, Aun. Buenos Aires: Paidós, 2016, p.68.
  • 11
    N de T: ensamble designa en francés tanto “juntos” como “ensamblados”, “pegados”, “unidos”, “totalidad”, “conjunto”.
  • 12
    Börne, L.” El arte de devenir un escritor original en tres días”. Clásicos del periodismo alemán (1823-1934). Barcelona: El Acantilado, 2016.
  • 13
    Ibid.
  • 14
    Lacan, J. El Seminario, Libro XVI, De un Otro al otro. Buenos Aires: Paidós, 2016, p. 173-186.
  • 15
    Valéry, P. “Prefacio a las cartas persas”. Estudios literarios. Madrid: Visor, 1995.